Las cien vidas del poliéster

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Hemos sobrevivido a la pesadilla en el pasillo de los disfraces pero tras pasar una noche de truco y trato y toque de queda nos queda el disfraz, ese mismo que (probablemente) no volveremos a usar y que está hecho de esa tela… de esa tela con sensación plasticosa y artificial que parece hasta repeler el agua.

Os presentamos al poliéster, el gran amigo del tejedor desde los años 30. La investigación de nuevos materiales para moda, que estaba en pleno proceso de industrialización, descubrió el poliéster como una fibra muy útil para fabricar hilo de coser.

Todo empezó con unas chaquetas y unos sacos de dormir hasta llegar a las 22.670 millones de toneladas de ropa de poliéster que se fabrican hoy en día.

Ya vimos que el algodón no es el mejor amigo del planeta pero el poliéster es una fibra sintética que viene del petróleo. 

De Guatemala, a guatepeor.

Una de cal y una de arena

Entrando en cualquier tienda (no de una marca sostenible, obvio) podemos ver que la mayoría de las prendas están elaboradas con fibras sintéticas, nada más y nada menos que el 65% de la fabricación total dejando un 35% a las fibras naturales.

Esto es una mala notícia de primeras pero se le puede dar la vuelta.

La mayor parte de las fibras sintéticas que se usan son el poliéster y la poliamida y ambos de derivan del petróleo, igual que nuestro “amigo” el plástico.

Y aquí es cuando entra la dosis de arena. 

Resulta que tanto el poliéster como la poliamida pueden fabricarse a partir de residuos plásticos. ¿Te has fijado en las siglas PET que hay en muchas botellas de plástico? Pues esas son las que nos gustan para convertirlas en fibras sintéticas para nuestras prendas.

Que seguiremos teniendo que vivir 200 años para ver cómo un trapito se desintegra pero al menos podremos ir dándole otras vidas al plástico que se pasea por mares y océanos.

De plástico a fibra

Parece que por fin nos hemos dado cuenta de que el plástico no es tan maravilloso como creíamos aunque aún estamos lejos de libramos de las toneladas y toneladas de residuos que hemos generado en las última décadas.

Con lo que tenemos nos da para varias temporadas y cambios de armario (y a nivel mundial).

No vamos a negar de que el proceso de convertir una botella de plástico en un trapito es largo y requiere el uso de energía pero, en la fabricación de poliéster reciclado, se consigue ahorrar un 50% de energía respecto al poliéster vírgen y se generan un 70% menos de emisiones de CO2.

Para elaborar el poliéster reciclado podemos seguir dos procesos diferentes:

  • Proceso Mecánico: se derrite el plástico y se convierte en fibras. El handicap de este proceso es que tiene un número de vidas finito ya que la fibra pierde rápidamente la calidad.
  • Proceso Químico: este proceso implica romper las moléculas plásticas antes de transformarlas en hilo, en este caso tenemos vidas ilimitadas pero el proceso es más caro.

Poliéster recilado pre-consumo o post-consumo

Pero lo importante es que sea reciclado y ya, ¿no?

Bueno, depende.

Hay dos maneras de ver esta situación pero es importante saber las diferencias para poder decidir si preferimos una u otra opción con todas las cartas encima de la mesa.

El poliéster reciclado pre-consumo es aquél que se fabrica de retales de tela (de poliéster) y de botellas de PET que por algún que otro defecto no hayan salido a la venta.

¿Estamos reciclando? Sí.

¿Estamos contribuyendo a mejorar la situación de los residuos plásticos? No tanto.

Todos los fabricantes van a buscar la manera de reciclar estos desechos de manera automática para ahorrar en materia prima y para recibir las ayudas y descuentos fiscales derivados del reciclaje, por no decir los posibles lavados de imagen.

El poliéster reciclado post-consumo es el que realmente marca la diferencia, es el que se fabrica a partir de residuos plásticos recogidos en mares, océanos y vertederos.

Tanto el poliéster pre-consumo como el post tendrán la misma calidad y rendimiento, pero el post-consumo tiene el puntazo de ayudar a limpiar el planeta.

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